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Agosto, 2001.
La Guerra de los MundosDe lo analógico a lo digitalDurante el primer cuarto del siglo XX, mientras que las máquinas tabuladoras de tarjetas perforadas se utilizaban con mayor frecuencia tanto en oficinas públicas como en el mundo empresarial, los hombres de ciencia continuaban estudiando la forma de construir máquinas que fueran capaces de efectuar cálculos a mayor velocidad, lo que les permitiría resolver problemas como la previsión del tiempo, además de calcular las órbitas lunares y la trayectoria de las balas, por citar algunos casos. La tendencia en el mundo científico se encaminaba, por tanto, hacia el desarrollo de computadoras multiusos y digitales. A partir de la década de los treinta, los científicos y académicos se interesaron poco en el desarrollo de las computadoras analógicas. Uno de los últimos modelos construidos en ese sentido fue el Analizador Diferencial de Vannevar Bush del MIT —Massachusetts Institute of Technology— realizado en 1930; era una computadora analógica mecánica capaz de resolver ecuaciones diferenciales. Por desgracia, en 1936, el escenario estaba listo para que estallara la II Guerra Mundial. Para este momento, Adolfo Hitler y Benito Mussolini oficializaron la formación del Eje, Berlín-Roma-Tokio, mientras que Francisco Franco, en España, se levantó en armas y dio inicio con ello a la Guerra Civil Española, el primer movimiento bélico fascista del mundo. La ciencia, sin embargo, no descansaba; ese mismo año, Alan Turing, un matemático inglés que trabajaba en la Universidad de Princeton, publicó On computable numbers, obra en la que aborda la noción de calculabilidad, adoptaba para la computación, el concepto de algoritmo —en tanto instrucción bien definida—y describía , asimismo, un aparato hipotético —The Turing Machine—, con el que incorporaba el concepto de computadora programable multiusos. Las ideas de Turing fueron sumamente importantes para el desarrollo posterior de la informática, pues demostraban que desde un universo teórico era factible construir aparatos capaces de resolver no sólo operaciones aritméticas —como lo hacían ya las máquinas tabuladoras—, sino de emprender cualquier otro procedimiento lógico. Además del surgimiento del revolucionario concepto de computación multiusos —vía programación—, en los años previos a la II Guerra Mundial también se produjo el gran salto de las máquinas analógicas a las digitales. Las máquinas analógicas son aparatos en los cuales, como su nombre lo indica, determinados fenómenos físicos concretos representan —por analogía— la información por procesar. Este tipo de computadoras puede usar una construcción simple, como las ruedas dentadas o bien, trabajar con base en impulsos eléctricos; el código de trabajo es mediante la asignación de valores numéricos simbólicos que representan la realidad, en tanto que los resultados obtenidos se determinan estableciendo una relación de equivalencia entre la información vertida y la procesada. Un ejemplo de esto es el tacómetro, aparato que aplicado a un eje en rotación mide sus vueltas por minuto. Analógicas Digitales En 1937, otro matemático, Claude Shannon; (1916-) describe en su tesis doctoral, elaborada en el MIT, la base teórica requerida para el uso de circuitos de cálculos en los procesadores electrónicos ; recurriendo para ello a la lógica binaria, así, en vez de distinguir una señal eléctrica entre diez opciones —como se hacía antes— ahora solamente sería necesario emplear dos: cero y uno. Esto resultaba ideal para almacenar, ordenar y transmitir información mediante impulsos eléctricos. El uno y el cero eran utilizados para representar, alternativamente, el estado de los interruptores (on-off, abierto o cerrado) dispuestos entre circuitos eléctricos. El procesador electrónico combinaba, por tanto, los impulsos eléctricos, referidos de tal manera que respetan las reglas binarias de la suma, de la multiplicación, etcétera. Las multiplicaciones se efectuaban como una serie de sumas sucesivas; las restas y las divisiones eran transformadas en sumas por medio de convenciones particulares; usando el sistema binario, la máquina nunca calculaba nada más complicado que 1 + 1. Gracias a la facultad de efectuar sustracciones, el procesador fue capaz de realizar la función lógica de la decisión, por lo que adquirió la capacidad de ser programado. Se considera a Claude Shannon como el matemático más importante de la primera mitad del siglo XX, ya que sus investigaciones se centraron fundamentalmente en la transmisión de la información con el mayor grado de eficiencia posible. En 1948 fue capaz de formular las ideas fundamentales sobre el problema de la expresión de la información de manera cuantitativa. Los trabajos publicados a partir de 1949 sentaron las bases para el análisis de la cuantificación mediante el empleo de métodos matemáticos, lo que dio origen a una rama de las matemáticas conocida como teoría de la información, misma que ha sido aplicada a campos tan diversos como el diseño de circuitos de computadoras, la biología y la semántica, entre otras disciplinas. A Shannon se le debe también la creación del término bit que es la abreviatura de la expresión inglesa correspondiente a dígito binario. En 1937, George Robert Stibitz de los Laboratorios Bell, desarrolló la primera calculadora digital basada en interruptores tipo relé, es decir, binario. Lo malo de esta calculadora es que no era programable. Stibitz llamó a su invención el Modelo K, porque la construyó en la cocina (kitchen) de su casa. Cuando se comercializó este aparato, lo hizo con el pomposo nombre de calculadora de números complejo. Poco después, en 1939, el físico John V. Atanasoff (1903-1999) y el ingeniero en electricidad Clifford Berry, diseñaron en Estados Unidos, el prototipo de una computadora, a la que bautizarían con sus nombres: Atanasoff-Berry Computer (ABC). El diseño de esta máquina incorporaba tubos electrónicos al vacío, en vez de los acostumbrados interruptores tipo relé, que tenían como función prioritaria abrir y cerrar circuitos, pero también trabajar como amplificadores de señales. Estos científicos se planteaban que si un relé podía abrir y cerrar un circuito eléctrico unas cinco veces por segundo, un bulbo tendría que hacerlo alrededor de un millón de veces en el mismo tiempo. Para la computación esto significó un gran avance, ya que la incorporación de bulbos permitía que las máquinas fuesen más rápidas; por desgracia, la ABC no pudo ser concluida por sus autores, sin embargo, imagínate su tamaño puesto que se hubieran empleado en ella unos 300 bulbos. Sin embargo, el diseño de Atanasoff incluía muchas ideas que se emplearon durante mucho tiempo en las computadoras modernas, por ejemplo, la utilización de condensadores como celdas de memoria o también el uso de aritmética binaria, que sirvió de base para la creación de la famosa computadora ENIAC. Las máquinas guerrerasEn Europa, mientras Hitler remilitarizaba Alemania y Joseph Goebbels preparaba los elementos que llevarían a sus compatriotas a una psicosis colectiva, un joven germano, Konrad Zuse (1910-1955), comenzó a construir una computadora a la que bautizó con el nombre de Z1; concluyó este trabajo en 1938, pero su invento fue destrozado totalmente durante un bombardeo; sin embargo, puede verse una reconstrucción de la Z1 -realizada por el propio Zuse- en el Deutsche Technik Museum Berlin-Kreuzberg. Este invento es muy importante, ya que en sentido estricto, puede decirse que la Z1 fue la primera computadora electromecánica del mundo, dado que la ABC jamás terminó de construirse. La Z1 no empleaba bulbos sino interruptores tipo relé y no resultaba muy confiable pues su complejo diseño mecánico la hacía propensa al error. Durante la II Guerra Mundial esta máquina sería mejorada en los modelos siguientes Z2, Z3 y Z4, también diseñados por Zuse, a quien financió el gobierno alemán, que empleó estas computadoras, sobre todo, en trabajos de diseño balístico y de aviones militares. Se puede considerar a la Z3, construida en 1941, como la más importante ya que es considerada como la primera computadora multiusos, digital y —a diferencia de los dos primeros modelos— plenamente funcional. Ajeno a los estudios análogos que se realizaban en ese momento en Inglaterra y Estados Unidos, Zuse introdujo en sus máquinas dos principios fundamentales de los procesadores modernos: la representación binaria de la información y el control de programas mediante una cinta perforada. A diferencia de las primeras máquinas tabuladoras de Hollerith, —en las cuales se había retomado el uso de la tarjeta perforada que en un principio había adoptado Babbage— la Z1 permitía una lectura más veloz de la información, gracias al uso de cintas continuas. Muchos años después, el propio Conrad Zuse explicaría el contexto en el cual desarrolló sus máquinas: "Comencé en 1934, trabajando en forma aislada, sin conocer los otros desarrollos que se estaban realizando simultáneamente en otras partes del mundo, ni los antecedentes de la computación. De hecho, jamás había oído de Charles Babbage cuando inicié mis trabajos. En aquel tiempo, la industria de la computación se limitaba a las calculadoras mecánicas que empleaban el sistema decimal. Las tabuladoras de tarjetas perforadas se habían perfeccionado ligeramente y permitían realizar operaciones estadísticas y de contabilidad de relativa complejidad. Sin embargo, estas máquinas eran diseñadas con propósitos comerciales. Esto significaba que los matemáticos e ingenieros teníamos que desarrollar nuestras propias computadoras, trabajando cada quien por su parte." Durante un congreso celebrado en New Hampshire, EEUU, en esos mismos años, Stibitz, realizó una demostración que anticipa con toda claridad la aparición de las redes informáticas: tomó un teléfono para conectarse a través de un teletipo con Nueva York, del otro lado de la línea estaba su computadora…; por supuesto, los asistentes quedaron atónitos. Stibitz le pidió entonces a su auditorio que le planteara problemas matemáticos, los cuales transmitió a su computadora en Nueva York; las soluciones a las interrogantes planteadas llegaron de la Gran Manzana; y el estupor de los asistentes fue palpable mientras el teletipo (aparato telegráfico similar a una máquina de escribir, en el cual un texto que se redacta en un lugar y se puede leer impreso en otro sin importar los kilómetros que haya entre ellos),las imprimía en New Hampshire. Siguiendo con la idea de Zuse de que los esfuerzos tecnológicos brotaban a la vez en diferentes lugares, en el lapso que duró la conflagración mundial, los ingleses construyeron la computadora denominada Colossus; el diseño de esta máquina estuvo a cargo de Alan Turing y su construcción, de M. H. Neuman, de la Universidad de Manchester. Entre 1943 y 1945 se construyeron diez modelos de ella; en todos los casos, la función de esas máquinas consistía en decodificar los mensajes radiales en clave que enviaban los nazis. Aunque no eran máquinas programables, sí resultaban muy rápidas en lo que se refiere a la lectura de datos, para lo cual utilizaban cintas perforadas (cinco mil caracteres por segundo). En 1946, Winston Churchill ordenó que esas diez Colossus fueran destruidas, con el fin de evitar que la información secreta que manejaban pudiera ser conocida por los enemigos; de hecho, fue hasta 1977 cuando Inglaterra dio a conocer al mundo la existencia de dichas computadoras. Pasados unos años, en 1944, un profesor de la Universidad de Harvard, Howard H. Aiken (1900-1973), en colaboración con IBM, construyó la computadora electromecánica que Estados Unidos emplearía durante la II Guerra Mundial, la MARK I (Automatic Sequence Controlled Calculator). La MARK I, basada en la máquina analítica de Babbage, estaba constituida por 78 calculadoras conectadas entre sí y 3 300 relés que servían para accionar los dispositivos mecánicos; este aparato pesaba poco más de 35 toneladas. La MARK I podía realizar una suma de 23 dígitos en 3 décimas de segundo y multiplicarlas entre sí en aproximadamente 6 segundos. Los resultados se obtenían o bien a través de cintas de papel perforadas o bien impresas por una máquina eléctrica de escribir. A diferencia de la Colossus, la MARK I sí era programable. Un dato curioso: si Babbage se había apoyado en una mujer para programar las rutinas de su máquina analítica —lady Ada Byron—, también una dama fue la persona que se encargó de la programación de la MARK I: la matemática Grace Murray Hopper (1906-1992). El diseño de la ABC de Atanasoff sirvió como base para que, John Pespert Eckert (1919-1955) y John Mauchly (1907-1980) construyeran, para el laboratorio de investigación de balística de la Armada de Estados Unidos, la ENIAC (Electronic Numerical Integrator and Computer). La ENIAC empezó a diseñarse en la Universidad de Pennsylvania en 1943 y terminó de construirse en 1945. Esta computadora requería de más de 17 mil bulbos y 70 mil resistencias; sus unidades soldadas eran más de cinco millones y consumía 180 mil watts. Para que te imagines su tamaño, te podemos decir que ocupaba 75 metros cuadrados —media cancha de baloncesto— y pesaba más de 30 toneladas —algo así como el peso cinco elefantes adultos—. Imagínate, ¡generaba más o menos el calor que producirían más de tres mil focos de 60 watts!. La ENIAC, que se utilizó hasta 1956, era 1000 veces más veloz que la MARK I podía realizar medio millar de multiplicaciones por segundo y fue utilizada para el cálculo balístico, es decir, precisar la trayectoria de los misiles usados en la guerra. Los inconvenientes para el uso de esta máquina fueron su programación tediosa y el continuo cambio de bulbos, dado que éstos se agotaban rápidamente. La ENIAC es considerada como la primera computadora electrónica en la que el procesamiento de datos, el almacenamiento y el control de las operaciones se realizaba por medio de dispositivos electrónicos. Los tubos de vacío hicieron posible el salto tecnológico del cálculo eléctrico al electrónico. Los tubos al vacío sustituyen a los relevadores en el manejo y almacenaje de datos, aumentando considerablemente la velocidad de procesamiento, además el mantenimiento de los equipos y el consumo de energía eléctrica disminuyeron. Los medios masivos de comunicación Sucedió también en 1939: Orson Welles causó una verdadera crisis de pánico en Estados Unidos al transmitir su radiodramatización de La guerra de los mundos; la experiencia que trascendió a la vida cotidiana a través de los medios masivos se volvió tan real o incluso más que la vida concreta, y muchos norteamericanos corrieron aterrados ante la inminencia del ataque interplanetario, al mismo tiempo que en Alemania, Otto Hahn descubrió los principios de la fusión nuclear y Hitler invadió Checoslovaquia y Austria. Un año después, se estrenó la película El gran dictador, en que Charles Chaplin hacía una crítica devastadora de Hitler. Los medios masivos de comunicación, particularmente la radio y la televisión, instalaron en nuestra vida cotidiana a la comunicación a distancia y en tiempo real. Bibliografía 1.- Zaid, Gabriel. Los demaciados libros. Océano. México, 1996. pp. 19-21 2.- DAN, Lacy. La lectura en la era audiovisual y electrónica. Biblioteca de México No. 21. México, 1994. p. 9 ss. 3.- Negroponte, Nicholas. Ser digital. México, 1996. Océano. pp. 108-109 Bibliografía digital http://www.ee.ryerson.ca:8080/~elf/abacus/history.html http://ei.cs.vt.edu/~history/Babbage.html |